TOURS

 

La ciudad romana, fundada en el siglo I con el nombre de Caesarodunum, en el corazón de la nación gala de los Turones, se extendía por unas 80 hectáreas desde el Loira hasta los actuales bulevares Béranger y Heurteloup, que bordean los antiguos muros fortificados. En el siglo III la ciudad, que contaba con 6.000 habitantes, desapareció en modo violento, probablemente destruida por una oleada bárbara, cataclismo entonces frecuente. Se ha conservado un montículo como testimonio, bajo forma de plaza fuerte, en la altura que ocupan la actual catedral y el castillo viejo. Son aún visibles numerosos restos del recinto galo-romano, del que es característico el aparejo pequeño. La Turena fue cristianizada muy temprano, y los santos obispos que se sucedieron en Tours participaron en el desarrollo y la administración de la ciudad y de toda la provincia.

 

Al oeste del castillo viejo, alrededor de las dos basílicas construidas sucesivamente en el siglo V sobre la tumba de San Martín (m. 397), se desarrolla un burgo y luego una ciudad de peregrinaje, que se convierte en ciudad mercantil.

Protegida al principio por un recinto de estacas, cuenta hacia fines del siglo X con su muralla de piedra y con profundos fosos, todavía hoy llenos de agua: es el castillo nuevo. Entre estos dos polos, entre los jardines, los viñedos y las casas de campo, fueron construyéndose poco a poco monasterios; alrededor de éstos, barrios que terminaron formando una tercera ciudad, si bien menos poblada.

La Guerra de los Cien Años favorece la unificación de las tres aglomeraciones en un único recinto fortificado, construido de 1354 a 1368. La primera municipalidad se forma en 1356. La ciudad cuenta entonces con unas quince parroquias a las que se agregan los conventos.

Esta guerra hizo de la Turena el corazón del maltrecho reino, y de Tours su capital y ciudad real, de donde partió la reconquista. Tours despliega entonces, alrededor de la corte, una población de artesanos, comerciantes, financistas y funcionarios. La ciudad entera es reconstruida, los grandes personajes edifican en Tours sus habitaciones y, en los feudos adquiridos en la provincia, castillos dignos de los mismos. Numerosos son los artistas reunidos en Tours, entre los cuales uno de los grandes pintores de su época, Nicolas Fouquet, cabeza de una importante escuela, nacido en Tours hacia 1420. Éste hizo el viaje a Roma y fue admirado por los maestros italianos. Michel Colombe dirige, en la segunda mitad del siglo XV, un taller de escultura. De esta prosperidad, que se prolongará hasta comienzos del siglo XVI, se encuentra memoria en la ciudad vieja, juiciosamente restaurada. Cuando Francisco l decide devolver a París su rango de capital, Tours acusa una leve flexión, pero recupera bajo los reinados de Enrique IV, Luis XIII y Luis XIV su riqueza de ciudad mercantil, gracias, en particular, a la industria de la seda que había creado Luis Xl.