AMBOISE

La situación estratégica de la planicie, basamento del castillo, ha interesado a los hombres desde su aparición en las orillas del gran río. Amboise fue un sitio importante desde la prehistoria, en la época de los celtas y de los romanos, y hasta los tiempos modernos.

En el siglo XI tres señores, desde sus tres torreones, todos ellos en Amboise, libraban sobre el pasaje del Loira una guerra incesante, siendo vasallos de los condes de Blois o de Anjou.

En 1106 Hugue, vasallo de Blois, se asegura la posesión del feudo. Es razonable imaginar entonces un castillo poderoso como los de Loches o Chinon. Este dominaba el Loira, la isla y el puente. Es el comienzo de la dinastía de Amboise, que retuvo la plaza hasta que Carlos VII, influenciado por el tortuoso La Trémoílle, acusa a Louis d´Amboise de traición y confisca la plaza y la propiedad, desde entonces anexadas a la corona.

Carlos VII habitó aquí por épocas, tal vez inició la construcción de una habitación: Fue Luis XI, en todo caso, quien acometió grandes trabajos, ya sea para mejorar las fortificaciones que para aderezar una morada suficiente en la cual instalar a la reina. Carlota de Saboya, y a sus hijos, entre los cuales el Delfín Carlos, que nació aquí en 1470.

El futuro Carlos VIII pasó aquí su infancia, bajo la vigilancia de Jean Bourré, en quien el rey tenía confianza. La aldea de Amboise, al pie de la fortaleza, era tan pequeña que ningún viajero podía alojarse en ella: la parroquia estaba, por otra parte, prohibida a los forasteros, tanto temía el rey por su heredero a causa de la peste, las intrigas o cualquier otro golpe de fortuna: Así, la Corte de Amboise carecía de vida y de esplendor. En cuanto a Luis XI, éste prefería Tours, o, siempre a caballo, recorría su reino.

A pesar de esto, Carlos VIII quedó muy ligado a la cuna de su infancia. Una vez rey, tras la regencia de su hermana Ana de Beaujeu, emprendió con pasión la reconstrucción de habitaciones y defensas. Los embajadores florentinos escribieron, maravillados, que más que un castillo era una ciudad.

 

Es en Amboise que aparecen los nombres de los maestros albañiles Colin Biart, Guillaume Senault, Louis Armanjeart. Pierre Trinqueau, Jacques Sourdeau... que trabajaron, a continuación, en los otros talleres del valle del Loira. Ocupado en las costosas campañas de Italia que arruinarían la península y el reino de Francia Carlos VIII trajo de ellas sin embargo el gusto de un nuevo arte de vivir, de pensar, de construir y, en sus equipajes, cantidades de obras de arte y objetos, así como veintidós artistas, artesanos técnicos. El nuevo castillo estaba prácticamente terminado a su regreso, de modo que éstos no influyeron más que en las terminaciones, salvo los jardines, diseñados y compuestos por el paisajista Pacello da Mercogliano. Desgraciadamente, la víspera del Domingo de Ramos de 1498, conduciendo el joven rey a la reina a ver los juegos de pelota, en los fosos, aunque era muy pequeño, golpeó la cabeza contra el dintel de una puerta de la galería Hacquelebac, pasaje infecto que todo el mundo usaba para hacer sus necesidades; poco después se sintió mal, perdió conocimiento y murió en nueve horas, en un jergón, en esta sentina, sin que nadie haya osado transportarlo.

 

 

 

 

 

 

  t El Castillo, visto desde el sudoeste; de derecha a izquierda, la torre de Hurtault, la capilla se Saint-Hubert, las dos torres de Luis XI. En segundo plano, los alojamientos reales.
 
Luis XII interrumpió bien pronto los trabajos en curso e hizo venir albañiles y arquitectos a Blois, reservando Amboise a Luisa de Saboya y sus hijos, Francisco, conde de Angouléme, futuro Francisco I, y Margarita de Navarra. Francisco guardó los mejores recuerdos de su adolescencia en Amboise, en donde vivió hasta 1508. Una vez rey, transfirió a otra parte su pasión por construir, no sin haber terminado el ala comenzada por Luis XII. Bajo su reinado la Corte, siempre ambulante, se fijará varias veces en Amboise. Se encontraba aquí la noche del 17 al 18 de octubre de 1534, cuando el episodio de los “placards” (carteles calvinistas agresivamente anticatólicos). El rey, que dormía en Blois, encontró uno en la puerta de su cámara. Será también en Amboise que Catalina de Médicis se refugiará con los Guisa, en el momento de la conjuración de marzo de 1560, llamada “tumulto de Amboise”.  

Los alojamientos reales: a la izquierda el ala de Carlos VIII; a la derecha, el ala en ángulo de Luis XII y Francisco I. q